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La cría industrial de porcino, una entrevista con Rosa Diez Tagarro de la Plataforma Loporzano SIN ganadería intensiva

Hoy os queremos acercar a la labor de una de las organizaciones vecinales españolas que más está dando que hablar en los últimos tiempos, la Plataforma Loporzano SIN ganadería intensiva. Y lo hacemos de la mano de Rosa Diez Tagarro, secretaria de la organización y coportavoz de la Coordinadora Estatal Stop Ganadería Industrial, otra iniciativa relacionada que une a movimientos a nivel nacional para trabajar conjuntamente por un objetivo común: dar a conocer los efectos que la producción industrial de carne tiene sobre la salud pública, el bienestar de los habitantes de los pueblos, los animales y el medioambiente.

Estas y otras organizaciones similares, cuyo número va en aumento, también proporcionan un espacio para que las personas más afectadas puedan hacer oír su voz y defender sus derechos ante las instituciones. La unión hace la fuerza, y cuando hablamos de darle la vuelta a la producción de alimentos de origen animal, necesitamos toda la fuerza que podamos reunir.

Por eso os animamos a conectar con ellas y apoyarlas de la manera que podáis: siguiéndolas en redes sociales, mediante donaciones, compartiendo las noticias sobre su trabajo, etc. Todos podemos hacer algo, y cada pequeña acción cuenta. Al final de la entrevista Rosa nos da los links para ampliar información sobre este tema y apoyar a la Plataforma Loporzano SIN ganadería intensiva (PLSGI).

Aunque la PLSGI se posiciona en contra de toda la ganadería industrial, en esta entrevista quisimos ahondar en un tema que conocen muy bien, la producción industrial de porcino.

Sin saberlo estábamos dando en el clavo con la temática, porque la semana pasada uno de los productores de nuestra red nos comunicó que en su pueblo están embarcados precisamente ahora en un proceso contra la instalación de una granja industrial de porcino en el que les está asesorando la Coordinadora Estatal.

Se trata de Rodrigo González de La Cabra Tira al Monte, que no solo se vería afectado como vecino por la instalación de la granja, sino también como ganadero que ha apostado por un modelo que es incompatible con el modelo industrial. Al final de la entrevista podéis encontrar enlaces para ampliar la información sobre este tema, incluyendo la campaña de recogida de firmas de change.org.

Rosa comparte datos impactantes a lo largo de toda la entrevista, y lo hace desde la posición “privilegiada” de alguien que ha vivido en primera persona una lucha vecinal contra la instalación de una granja industrial de porcino en su propia localidad (Santa Eulalia la Mayor, Loporzano, Huesca).

Un tema de vital importancia para nosotros en DeYerba, ya que como defensores de la carne de pasto compartimos muchos de los objetivos de estos movimientos: que la ganadería deje de ser un problema para nuestra sociedad a muchos niveles, para convertirse en una fuente de riqueza natural, de alimentos sanos y de un trabajo digno. Vamos a ver qué nos cuenta Rosa.

¿Qué es la “Plataforma Loporzano SIN ganadería intensiva” y por qué la habéis creado?

 

Somos un movimiento vecinal aragonés que defiende el medioambiente, la salud pública, el mundo rural y el bienestar de las personas y los animales ante la amenaza que supone la ganadería industrial para nuestro territorio, pero también para la provincia de Huesca y el conjunto de Aragón y de España.

La plataforma se formó a finales de 2015 (por lo que es el movimiento vecinal más antiguo a nivel estatal con excepción de los de Catalunya) debido a la alarma social y el rechazo que generaron dos proyectos de porcino intensivo entre los/as vecinos/as del municipio de Loporzano (Huesca).

Hemos impulsado la creación de la Coordinadora Estatal Stop Ganadería Industrial y coorganizado los dos Encuentros Estatales que se han celebrado hasta la fecha, además de haber asesorado a un gran número de vecinos/as de pueblos afectados por esta problemática dentro y fuera de Aragón.

Somos casi 300 personas de todo tipo de ideología, formación, ocupación… hay personas cuyas familias llevan siglos en este territorio y otras tan solo unos años. Hay miembros de más de 80 años y jóvenes que se han apuntado antes a la plataforma que a la autoescuela al cumplir los 18 años.

Plataforma Loporzano SIN ganadería intensiva

Compartimos el amor por esta tierra y el afán de mantenerla limpia, de que se preserve su valor ecológico, sus paisajes. Todo lo que ha hecho que se salvaran casas y que se ganara población. Queremos seguir viviendo aquí, preservar nuestra calidad de vida, mantener los pequeños negocios que han fijado población y conservar la fauna, la flora, los paisajes… para nuestros hijos e hijas.

 

¿Nos podrías resumir a grandes rasgos el panorama de la ganadería industrial de porcino en nuestro país?

 

La situación se resume en un consumo excesivo muy alejado de la dieta mediterránea y más cercano a la estadounidense. En una producción enfocada a la exportación, con todos sus riesgos. En un modelo que apuesta por ser baratos a base de externalizar costes. Y siempre hay quien lo hace más barato.

Es todo lo contrario de la soberanía alimentaria. Se está dando la puntilla a los pueblos y a la ganadería de verdad, a la que fija población, crea empleo y fomenta la biodiversidad.

Estamos ante una proliferación desmesurada y desproporcionada de la ganadería industrial, alentada, fomentada, permitida y subvencionada por la misma Administración que tantas pegas pone y tan poco ayuda a proyectos que buscan un medio rural vivo.

 

¿Cómo viven y qué comen los cerdos de la ganadería industrial?

 

Los animales se encuentran confinados, hacinados y sobremedicados para que el mayor número posible pueda soportar esas condiciones de vida (la mortandad es muy elevada).

Al contrario de lo que sugiere la publicidad, no se trata de animales que comen margaritas y pastan al sol; sino que están dentro de naves, encima de sus propios excrementos, sin poder apenas moverse, sin salir al aire libre, sin ver la luz del sol, sin poder relacionarse como sería normal entre ellos…

España es el país europeo con un mayor consumo de antibióticos de uso veterinario por este motivo, a mucha distancia de los demás (con un consumo del 230% respecto a Italia, el segundo país en cuanto a ese consumo). Se engorda a estos animales para que puedan llevarse al matadero lo antes posible, sin respetar ciclos naturales, con luz artificial y piensos transgénicos producto de la deforestación.

 

¿Son sanos los alimentos que se derivan de ellos?

 

Hay estudios que indican que estos alimentos contienen menos grasas saludables y más grasas insanas, que contienen menos nutrientes. Pero sobre todo debemos preguntarnos qué tiene de sano comer carne/huevos/lácteos que han envenenado nuestra agua de boca y que causan enfermedades graves (incluso cáncer broncopulmonar) no solo a quienes trabajan en las explotaciones o viven en los pueblos, sino a la sociedad en general.

Estamos hablando de que la ganadería industrial contribuye a la resistencia a los antibióticos, y eso está causando ya miles de muertes al año y según la OMS podría ser más mortal en 2050 que el propio cáncer.

Plataforma Loporzano SIN ganadería intensiva

Un método de producción que supone un riesgo para la salud pública por la contaminación que causa no puede generar alimentos sanos, solo mercancías con las que se lucrarán grandes empresas.

Se nos impone desde los supermercados una dieta insana que nos está enfermando y que está asociada al aumento de enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer…

 

¿Qué consecuencias tiene la instalación de una granja de porcino industrial cerca de una localidad para sus habitantes?

 

Las consecuencias son muy variadas. Se pierde mucha calidad de vida, por el olor. Este no es un tema baladí: la reacción física (náuseas) es un mecanismo fisiológico ante una amenaza (el ácido sulfhídrico que la causa y que da su olor característico a los purines es un gas letal, altamente irritante, que puede causar graves enfermedades).

Las partículas en suspensión viajan muchos kilómetros por el aire y generan enfermedades respiratorias. Se contamina el agua de boca (origen de cánceres gástricos). Hay estudios que demuestran cómo sube la tensión arterial y cómo aumenta el estrés entre los habitantes.

Los paisajes son terapéuticos y su destrucción también afecta enormemente a la calidad de vida. Por no hablar del tránsito de camiones de alto tonelaje por carreteras rurales, con el aumento lógico de siniestralidad y los gastos para el Ayuntamiento debido al deterioro del firme.

Hay pueblos en Catalunya donde no pueden dormir por las noches debido a ese tránsito de camiones. Todo ello en un lugar que se elige para vivir por el silencio, por el aire puro…

Hay consecuencias económicas, también. Las propiedades se devalúan y hay negocios que no pueden coexistir con esta industria contaminante. Cuesta vender las casas, se pierden oportunidades de nuev@s poblador@s.

Plataforma Loporzano SIN ganadería intensiva

¿Quién va a querer hacer frente a las incomodidades del medio rural sin sus contrapartidas? ¿De qué sirve vivir en un pueblo si no puedes abrir las ventanas para ventilar, si no puedes tender fuera, si no puedes disfrutar del exterior, si todo ello pone en riesgo tu salud?

 

¿Qué les dirías a quienes argumentan que los purines son como el estiércol de toda la vida?

 

Llamar estiércol a lo que se genera en esas explotaciones es totalmente intencionado y es faltar a la verdad. En los pueblos no tenemos ningún problema con el estiércol, que tiene una gran utilidad y no produce ese gas y, por lo tanto, no genera ese olor nauseabundo que no permite tender la ropa fuera, ni abrir las ventanas.

El estiércol es el producto de recoger el lecho de paja de los animales y es sólido. Los purines son líquidos, contienen un elevado contenido de agua y nitrógeno, además de patógenos, restos medicamentosos, metales pesados… son el resultado de limpiar suelos de hormigón con agua a presión, una estrategia para ahorrar mano de obra que resulta muy costosa en términos hídricos, por el elevado consumo de agua, y muy complicada de gestionar, por el enorme volumen generado.

Almacenar estiércol no es ningún problema. Almacenar purines sí representa un problema sanitario. Los problemas asociados a los malos olores están documentados y hay abundantes testimonios de vecinas/os de pueblos en los que no pueden dormir por la noche ni siquiera con las ventanas cerradas; puesto que es un olor que penetra en las viviendas y se adhiere a los tejidos, provocando toses nocturnas e irritación de garganta, por ejemplo.

En la provincia de Huesca, incluso en su capital, sabemos muy bien las molestias que causa el olor a purines.

 

¿Cuál es vuestra posición sobre la ganadería tradicional, ecológica, de pasto, etc. (cualquiera que no sea industrial) y su impacto sobre el medio ambiente y la salud de los pueblos? ¿Es justo poner a toda la ganadería en el mismo “saco”?

 

Desde nuestros inicios apoyamos y defendemos la ganadería extensiva, ecológica, de pasto… toda la ganadería que no contamina, sino que fija población y crea empleo, que es buena para la biodiversidad y para el medio rural. No se puede caer en la trampa de pensar que toda la ganadería es igual, porque no es lo mismo y meterla toda en el mismo saco solo beneficia al modelo industrial.

Como consumidores/as debemos distinguir entre ganadería e industria, entre granjas y explotaciones, entre paisaje y naves, entre negocios familiares y megacárnicas. El modelo industrial es ajeno al mundo rural; la ganadería extensiva, ecológica, de pasto es parte integrante de ese mundo.

Ningún movimiento vecinal está en contra de la ganadería, sino de la industria. En los dos encuentros estatales celebrados hasta la fecha por la Coordinadora Estatal Stop Ganadería Industrial ha habido, lógicamente, presencia de ganaderos/as, puesto que forman parte de las plataformas rurales, y trabajamos para seguir estrechando vínculos con colectivos ganaderos; dado que creemos que el modelo industrial está dañando gravemente a la ganadería, que se encuentra en una posición desventajosa a muchos niveles.

Parte de nuestra labor de difusión está encaminada a que la gente comprenda la gran diferencia que hay entre ambos modelos. El alejamiento del mundo rural y la manipulación interesada de la información ha llevado a que tengamos que estar explicando cómo viven los animales en uno u otro caso, y la abismal diferencia en cuanto a impactos ambientales, sanitarios y socioeconómicos.

 

Hay quien argumenta que estas granjas industriales son una fuente de puestos de trabajo. ¿Qué nos puedes decir sobre la calidad de los puestos que se generan? ¿Realmente pueden revitalizar la economía de una población?

 

La ganadería industrial destruye más empleo del que genera, porque las explotaciones están altamente automatizadas. Una sola persona puede atender varias. Muchas veces se contrata para la limpieza a inmigrantes, como en los macromataderos, porque aceptan condiciones de gran precariedad. Se trata de trabajos de escasa remuneración, con dificultades añadidas; es un sector plagado de falsos autónomos sin derechos laborales.

En muchos pueblos no crean ni un solo puesto de trabajo, puesto que se contrata a alguien que acude desde otra localidad, dado que se está buscando un perfil laboral concreto (no hay más que ver las ofertas en el periódico, no se busca mano de obra en el pueblo). En cambio, se hipoteca el futuro, porque no es compatible con otras alternativas de desarrollo.

 

¿Qué impacto tuvo el programa de Salvados “Stranger pigs” dedicado a este tema? ¿Creéis que sirvió para concienciar a la población?

 

Fue importante llegar a tanta audiencia, a personas que no sabían lo que era la ganadería industrial y que pueden sentirse más motivadas para informarse. Para desvirtuar lo que pasó se quiso trasladar que las imágenes de los cerdos eran reflejo de un caso aislado. Lo triste es que no es así en absoluto, que las explotaciones con paja, espacio, luminosas… solo existen en los publirreportajes.

Lo que se vio en televisión es lo que sucede en muchas, muchísimas explotaciones. Se veían lesiones que son fruto de cómo se gestiona a los animales, de las castraciones…

Para quienes luchamos contra la ganadería industrial fue un avance, nos permite llegar más fácilmente a la gente, puesto que ya lo han visto en televisión. De alguna forma, nos refrendó. Habrá personas que hayan decidido apartar ese programa de su mente y seguir con sus pautas de consumo; pero solo con que parte de l@s espectador@s se lo hayan cuestionado y hayan acudido, por ejemplo, a páginas de Facebook como la nuestra para cambiar sus hábitos de consumo, eso ya es una victoria.

 

Y, ¿es suficiente con concienciar o hace falta algo más?

 

Pensamos que hay que concienciar a la población (de ahí nuestra labor de divulgación) para que cambie sus hábitos de consumo y deje de comprar productos de ganadería industrial.

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Nos gusta decir que tenemos unos superpoderes como consumidor@s: nuestro monedero. Un gesto tan cotidiano como hacer la compra tiene mucha más repercusión de lo que la gente se imagina: para el planeta, para los animales, para nuestra salud, para el medio rural… Con nuestro dinero debemos “invertir” en biodiversidad, en salud, en futuro, y eso solo es posible si reducimos nuestro consumo de productos de origen animal y compramos carne / huevos / lácteos que sean exclusivamente de ganadería extensiva, ganadería ecológica, carne de pasto…

Pero también hay que presionar a la Administración para que deje de poner alfombra roja a las megacárnicas y apoyen al mundo rural y a l@s ganader@s. Porque además es que nos cuesta dinero. La forma más efectiva de realizar esta presión es apoyando a los movimientos vecinales y a las organizaciones que estamos trabajando por una ganadería sostenible y un mundo rural vivo: ayudándonos a difundir la información, acudiendo a nuestros actos y también, importante, contribuyendo económicamente con movimientos vecinales como el nuestro, que se ha visto obligado a contratar abogados para intentar detener la colonización de nuestro territorio por las integradoras, con un elevado coste para los vecinos y vecinas que sufragamos estos gastos de nuestro bolsillo.

Cualquier cantidad, por pequeña que sea, ayuda. Hay que pensar que se está intentando acallar esta oposición por la vía de los gastos legales, lo cual tiene muy poco de democrático.

 

¿Qué tipo de actividades realizáis desde la plataforma?

 

Participamos en charlas y mesas redondas, montamos mesas informativas, elaboramos listados de lugares en los que comprar productos de origen animal no industriales… Buena parte de nuestra labor es de difusión. Y luego hay una parte de presión a la Administración, redactando alegaciones, estudiando normativas…

También asesoramos a movimientos vecinales más jóvenes… Queremos que no haya ningún pueblo en España que tenga que sufrir una explotación industrial sin ser consciente de sus consecuencias. Hemos impulsado la creación de una coordinadora estatal y somos muy activ@s en ella. Como lo somos también en las redes sociales, con esa doble vertiente de difusión y presión.

En mayo organizábamos una jornada lúdico-reivindicativa en nuestro término municipal a la que acudieron cientos de personas. Más allá de poder recoger algo de dinero, buscábamos transmitir nuestro mensaje, que la convivencia y el entorno facilitara la comprensión de lo que pedimos. Y fue todo un éxito.

También habíamos organizado anteriormente una exposición de arte para dar a conocer nuestro territorio… Nos hemos entrevistado con todo tipo de personas, también de la Administración. Hemos apoyado la petición de moratorias en ayuntamientos, hemos acudido al Congreso de los Diputados, a Londres… Se hace lo que haga falta.

 

Si un lector vive en una localidad donde se está planteando la instalación de una granja industrial, ¿qué recursos tiene para intentar impedirlo?

 

La unión y la información. Es necesario hablar con los vecinos y vecinas, exponerles los riesgos y costes ocultos, y organizarse para resistir.

En la página stopganaderiaindustrial.org puede contactar con la Coordinadora Estatal, para recibir ayuda. Habrá que alegar al proyecto… Lo triste es que muchas veces nos enteramos con los permisos concedidos o cuando empiezan a construir.

No hay que pensar que es muy complicado o que nos ganarán porque son más poderosos que nosotr@s. A veces David gana a Goliat y siempre, siempre, tiene el derecho (incluso la obligación, porque estamos custodiando el futuro de nuestr@s hij@s) de intentarlo. El amor por la tierra es algo muy poderoso. La unión de la gente también. Y la información es poder.

 

¿Cómo podemos los ciudadanos de a pie ayudaros a que consigáis vuestros objetivos?

 

Podéis seguirnos en Facebook o en Twitter (@platafloporsin), escribirnos a plataformanoganaderiaintensiva@gmail.com y realizar aportaciones económicas de cualquier importe, por pequeño que sea, en la cuenta ES40 1491 0001 2830 0009 8365.

Plataforma Loporzano SIN ganadería intensiva

Y acordaros de nosotr@s, de los pueblos, de l@s ganader@s, de los animales, del planeta, de vuestra salud, cuando hagáis la compra. Nadie produce lo que no se vende.

LECTURAS RECOMENDADAS POR LA PLATAFORMA LOPORZANO SIN GANADERÍA INTENSIVA

 

 

ORGANIZACIONES QUE APOYAN A LA PLATAFORMA LOPORZANO

 

OTRAS REFERENCIAS CITADAS EN LA ENTREVISTA

 

 

SOBRE EL CASO QUE AFECTA A LA CABRA TIRA AL MONTE

2 Comentarios
  • Maria José Pueyo Castan
    Publicado en 13:52h, 05 julio Responder

    Lo que no se compra no se vende y lo que no se vende no se fabricará. El poder de todos como CONSUMIDORES es aún infravalorado.
    Pronto habrá muchos LOPORZANOS en toda la geografía española.

    • Mónica Fernández
      Publicado en 09:42h, 06 julio Responder

      Que así sea Maria José! Gracias!

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