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¿Es sostenible comer carne?

En noviembre de 2006, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), emitió un informe titulado La Larga Sombra del Ganado, que supondría un antes y un después en el debate sobre si la humanidad debería utilizar la producción animal como fuente de alimento en base a consideraciones medioambientales. El informe tenía como principal objetivo establecer el impacto de la cría de ganado en el medio ambiente, y proponer estrategias de mitigación.

El cálculo del impacto de la producción animal se realizó teniendo en cuenta el impacto directo de la cría de animales (emisión de gases de efecto invernadero, contaminación del agua y el aire, etc), así como el impacto de la producción de cultivos destinados al consumo animal, a través de la fertilización química, la deforestación, la fabricación y transporte de piensos, etc.

El informe concluyó que el sector pecuario está entre los principales causantes del deterioro del medio ambiente a escala global, siendo uno de los principales responsables de la degradación de las tierras (erosión, desertización), el cambio climático, la polución de la atmósfera, la contaminación y escasez del agua y la pérdida de la biodiversidad. Su autor principal, Henning Steinfield, afirmó que la industria de la carne “es uno de los principales causantes de los problemas medioambientales más graves de la actualidad”. Una de las conclusiones más impactantes del informe fue que la cría de ganado es responsable del 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero, un porcentaje mayor que el correspondiente al transporte.

Aunque tras el informe de la FAO se alzaron algunas voces que criticaban los métodos de cálculo utilizados y ponían en duda la fiabilidad de algunas de sus afirmaciones, el equipo De Yerba está de acuerdo en líneas generales con las conclusiones del informe: el sector de la ganadería en su mayor parte no está haciendo las cosas nada bien y somos los primeros en reconocerlo y denunciarlo.

Como resultado de La Larga Sombra del Ganado, numerosas instituciones y organizaciones apuntan como posible solución la adopción de una dieta vegetariana, o al menos una severa disminución del sector ganadero y del consumo de carne. Sin embargo, los defensores de esta propuesta no están teniendo en cuenta que otra manera de criar ganado es posible: una crianza que regenere las tierras degeneradas, secuestre carbono atmosférico, no emita gases contaminantes, gestione adecuadamente los estiércoles, y potencie la biodiversidad.

¿Cómo?

Existen dos vías de actuación principales:
La primera consiste en disminuir al máximo posible la ingesta de cereales del ganado. En el ganado rumiante (vacuno, ovino y caprino) esto significa reducir la cantidad de cereales a cero. Esto es posible porque los rumiantes tienen un aparato digestivo especialmente diseñado para consumir pastos y forrajes, ricos en celulosa y con un aporte muy pequeño almidones. De hecho, estos animales sufren problemas de salud cuando se alimentan con cantidades significativas de cereales, que producen una acidificación del rúmen. El resultado de eliminar los cereales de la dieta de los rumiantes es que los animales están más sanos y su carne es más sana.

En el ganado aviar y porcino, esta vía de actuación supone minimizar la ingesta de cereales. A diferencia de los rumiantes, las aves y cerdos se benefician de cierto aporte de cereales, pero si se manejan correctamente, la ingesta de hierba y forraje puede oscilar entre el 20 y el 40% de su dieta, dependiendo de la especie.

La segunda vía de actuación tiene que ver con la eliminación del confinamiento en los sistemas de cría animal. En la ganadería convencional, los animales se concentran en edificaciones, que generan grandes cantidades de estiércoles contaminantes para el agua y el aire, y que requieren del uso de costosos sistemas de gestión de residuos y de transporte.

Con una gestión correcta sobre pastos, el estiércol se deposita en el suelo de una forma gradual, lo que permite su aprovechamiento como fertilizante sin producir contaminación. Y como valor añadido, el bienestar animal es muchísimo mayor.

Las ventajas de la cría al aire libre no terminan aquí. Una gestión adecuada del pastoreo permite regenerar la capa fértil de las tierras, capturando carbono atmosférico y convirtiendo al ganado en una de las herramientas disponibles para mitigar el efecto invernadero.

Al estar cubiertas de materia vegetal, las tierras no se erosionan, y el agua puede penetrar en la tierra en lugar de generar escorrentías que arrastran los nutrientes a los ríos y al mar. Y por último, las praderas son ecosistemas muy valiosos que albergan multitud de especies tanto vegetales como animales, contribuyendo así estos sistemas a un aumento de la biodiversidad.

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta que da título a esta entrada debería ser otra pregunta: ¿de qué carne estamos hablando? Si hablamos de carne de pasto, la respuesta a la pregunta “¿es sostenible comer carne?” es un rotundo sí.

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